Una chispa enciende la pradera

“Cuando la Tiranía se hace ley, la rebelión es un derecho”

Simón Bolívar

Aristóteles sostiene que en política lo determinante no es el poder, sino la legitimidad de él, atributo que el empresario Piñera ha ido perdiendo a punta de engañifas, chambonadas y acciones provocativas que ilustran su profundo desprecio hacia una ciudadanía empobrecida que demanda dignidad.

La derrota del 10% en el Congreso, lo dejó tan turulato y fuera de juego que tuvo que rendirse a la presión de la Derecha pinochetista. Su gobierno quedó desfondado y debió agachar el moño ante los líderes de los partidos de su coalición que barajaron nombres para los cambios de gabinete, hicieron propuestas e impusieron enroques ante un Presidente pasmado que intentaba cohesionar a sus partidarios y, de paso, endurecer las políticas gubernamentales. Se consolidó así un gabinete marcado por su rechazo a la aprobación de una nueva Constitución para Chile promovido por los poderosos sectores empresariales y los nuevos hacendados forestales ligados a la banca y a las AFP que han visto con temor, desde el estallido social, el avance de las demandas sociales por igualdad, dignidad y justicia social.

Y nada mejor para generar un clima de agitación y posterior represión que encender una chispa en la pradera de la Araucanía. Hacia allá dirigió sus pasos, premunido de un bidón de gasolina, el flamante nuevo ministro del Interior, el ultraderechista Víctor Pérez. Nadie sabe a qué fue, pero todos lo sospechan. No se reunió con ninguno de los alcaldes de la zona, una de las regiones más empobrecidas del país. Como señaló Jorge Saquel, alcalde de Curacautín: “…el gobierno tiene en el más absoluto abandono a Malleco”.

Tras su visita, la madrugada del 2 de agosto, grupos armados de la macrozona concurrieron, en pleno toque de queda, premunidos de bates, fierros y piedras a desalojar violentamente a los comuneros que habían ocupado cinco municipios en apoyo a los presos políticos mapuches, muchos de los cuales cumplen ya un centenar de días en huelga de hambre en reclamo por la aplicación de los artículos 9 y 10 del Convenio 169 de la OIT que, entre otras cosas, establecen que en el caso de los pueblos indígenas los Estados deberán dar preferencia “a tipos de sanción distintos del encarcelamiento”, teniendo en cuenta sus propias costumbres en materias penales.

El incendio cobró fuerza, desatando una despiadada manifestación de odio racial por parte de una masa de civiles contra mapuches, la que fue tolerada por la fuerza policial. Con anterioridad ya habían ocurrido otros sospechosos atentados, quemas de camiones, cortes de ruta, descarrilamiento de un tren, incendios de escuelas y disparos en una zona altamente militarizada y que permanece bajo el control de las Fuerzas Especiales de Carabineros, por lo cual no se explica que se hayan cometido estos hechos delictuales a vista y paciencia de ellos. El país ya conoce lo que fue el montaje de la Operación Huracán de 2017 que encarceló sin motivo a ocho mapuches supuestamente involucrados en una asociación ilícita terrorista, pues la investigación del Ministerio Público demostró que una Unidad de Inteligencia de Carabineros había manipulado las pruebas que incriminaban a los detenidos mediante la intervención fraudulenta de mensajes en teléfonos celulares.

La movida de ahora consistió en dar luz verde para que se movilizara un grupo de matones que, amparados en el concepto de la autotutela, atacaron a los comuneros. El accionar violento de guardias blancos contra obreros, campesinos o estudiantes no es algo nuevo. Hechos similares se realizaron durante el estallido social cuando pequeños grupos de “chalecos amarillos” salieron a enfrentarse contra los pobladores movilizados, cuando manifestantes que apoyaban el rechazo a una Nueva Constitución golpearon brutalmente a un conocido periodista, o cuando, en los años previos al Golpe, los grupos fascistas de Patria y Libertad se ensañaban contra los partidarios del Presidente Salvador Allende. Nuestra historia consigna numerosos hechos similares. En julio de 1920, una turba de guardias blancos apoyados por soldados del Batallón Magallanes asaltó a sangre y fuego la sede de la Federación Obrera de Magallanes en Punta Arenas. Entraron disparando contra los trabajadores, dejando a su paso decenas de muertos, torturados y a muchos que fueron quemados vivos tras el incendio que causaron.

La situación que se vive hoy en la Araucanía es de extrema gravedad. Cuatro de los 27 presos mapuche en huelga de hambre ya fueron trasladados desde la cárcel de Angol hasta el hospital de la comuna, y preocupa sobre manera la salud del machi Celestino Córdova que se agrava minuto a minuto. Entre tanto, el Gobierno hace oídos sordos a la necesidad de diálogo para buscar una solución a sus demandas. Un diputado (RN) con cabeza de adoquín publicó de manera burda una foto de una trampa vietnamita que vinculaba a los mapuches con estas prácticas, supuestamente para dañar a Carabineros. Por su parte, el derechista gremio de los camioneros advirtió desafiante que: “Una quema más de camión y vamos a reaccionar”, anunciando así un posible paro nacional del gremio. Y para avivar más la cueca, otros grupos de camioneros cortaron la Ruta 5 Sur en distintos puntos de La Araucanía. Para colmo, y en medio de este contexto de tensiones étnicas, son encontrados en extrañas circunstancias los cuerpos sin vida de dos mujeres mapuche, dirigentes de la Comunidad Juan Pinoleo en Ercilla que denunciaban la militarización en la zona.

Mientras tanto, parecen quedar en segundo plano la pandemia, el hambre, las ollas comunes, la recesión económica y sobre todo, el Plebiscito que debe celebrarse el 25 de octubre, que con seguridad aprobará, en un acto histórico, la posibilidad de escribir una nueva Constitución para Chile. Sin embargo, estas brutales maniobras de los sectores ultraderechistas amparados por el gobierno, indican que el panorama político se está caldeando a propósito para postergar o suspender la realización del Plebiscito. No sería nada raro, pues como señala un proverbio chino: “La bestia, cuando está herida es sumamente peligrosa”.

Carlos F. Reyes

Profesor de Estado en Castellano

Universidad de Chile

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